Wednesday, January 23, 2013

Mi querido cornudo

Bajas a la calle para esperarlo y  te bajas la bragas en cuanto ves que asoma por la esquina. Lo esperas con las bragas bajadas para que sepa que eres suya y que yo soy tu cornudo sumiso.

Y luego subes con �l cogida de su mano, te arrodillas, le abres la bragueta y se la chupas con devoci�n y ardor; como si quisieras adorar su polla  y bendecirla por lo feliz que te hace, por el placer que te da, por ser el centro de su vida. Porque vives para su polla y para darle placer. "Lo que m�s me excita, mi querido cornudo-me dices- es verlo gozar, ver como se corre".

Y es cierto porque cuando luego te lo follas en la cama o �l te folla a ti, te veo cara de placer, de felicidad, de gozo. Una cara que yo jamas he conseguido que tengas y que s�lo pones cuando me haces cornudo. "Mi mayor placer, mi querido cornudo --me aclaras- es ver que tu pollita se pone dura cuando me ves follar con otro y te humillo". Porque me humillas, porque cuando te corres entre gemidos y suspiros, me llamas "cornudo" una y otra vez mientras me miras a los ojos.

Y cuando �l decide que se queda a dormir en nuestra cama de matrimonio,  t� me coges, me llevas al cuarto de los invitados y me echas sobre un colch�n que hay en el suelo. Quitaste la cama hace tiempo y s�lo has dejado un colch�n en el que pasar� la noche sin cintur�n de castidad, con unas medias de putita y con las manos atadas a un soporte, con el fin de que no me masturbe. Dices que quieres que yo mismo vea como me excito y se me pone durita al o�r durante toda la noche tus gemidos y suspiros de placer. Y como me llamas cornudo. Dejar�s las puertas abiertas para que lo oiga todo.

Y as� estar� todo la noche hasta que amanezca y vengas a mi cuarto para desatarme y que os prepare el desayuno. Os lo llevar�  a la cama y mientras �l lo toma, t� me atar�s las mu�ecas a los barrotes de la cama y me dar�s a oler tu co�o. Y digo oler porque generalmente no me permites lamerlo; lamer el sabor de tu excitaci�n de tus jugos y  los de �l.

Depende de como me haya portado. Si he sido un  buen cornudo me permitir�s lamerte, pero si he hecho algo que no te ha gustado, como no decirte mucho que "te amo", s�lo me permitir�s olerlo.

Acercar mi nariz a tu co�o y oler la excitaci�n que tu macho te ha provocado y los restos del placer que te ha dado. S�lo eso. Tenerte a escasos cent�metros de mi cara, de mi lengua y no poder lamerte. Ese es el mayor castigo.

Y lo soporto porque te amo tanto que ser tu cornudo sumiso a�n me parece poco.

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